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 El desafortunado caso de un Estonias (o cómo realizar barbacoa de mecos)

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Noru
Dios Nórdico
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MensajeTema: El desafortunado caso de un Estonias (o cómo realizar barbacoa de mecos)   Dom Mayo 20, 2018 11:39 pm



Era martes. Como todos los martes a eso de las nueve de la noche, nuestros queridos amigos, se reunían para celebrar uno de los rituales Weboslavos más sagrados: la olida de testículos, gónadas, nueces… huevos, webos, cómo sea. Por alguna razón que nadie recordaba, este culto siempre se celebraba en la morada de Estonia. Quizás era por sus deseos reprimidos de ser nórdico, quizás porque era un pervertido de alta calaña: nadie sabía, a la vez que nadie chistaba. Todos conformes, se alistaban y aseaban, colocándose sus perfumes más finos, quitando sus piojos más gordos, cepillando los enredos púbicos más rebeldes, con el fin de realizar tan  particular reunión de la manera más prolija posible.

Era martes, sí, era martes. Como siempre, Inglaterra se aproximaba corriendo a toda velocidad desde Londres (cuando se trata de la olida de webos, es el primero en presentarse, como todo un noble y puntual caballero inglés). Por otro lado, Noruega y Suecia, se encaminaban juntos, a medida que daban empujones (¿O arrimones?) a Estonia, quién nunca estaba en su propia casa para su propio ritual sectario. El pobre urálico se defendía a duras penas de sus eternos ejecutores, pero algo dentro de él ardía con la llama de mil infiernos: su lengua coqueta, sensual, sexual, recorría sus labios al observar la cara de eterno desagrado que tenía Noruega cuando él le decía alguna palabra. Sus venas se hinchaban de éxtasis alrededor de su cuerpo, al escuchar los insultos de Suecia “Te reventaré los huevos hijo de puta, si tocas a mi gorda”, “a ver al cine”, “¡NO ES TU GORDA, PINCHE PUTA!” .

La gorda, ¡Uff!, la gorda era un tema aparte.

Lo importante es que las llamas del infierno eran intensas. Muy intensas. Demasiado intensas.

Aquella reunión pretendía ser la mejor en mucho tiempo. Los ánimos festivos inundaban las ansias de cada uno de sus participantes. Hong Kong había dejado de lado sus revistas de ídolos adolescentes de un país cercano al suyo para encontrarse con sus amigos Nórdicos (y Estonia). Prusia había esparcido un poco de limón mezclado con lavandina sobre su jabón de origen judío, para desprenderse del olor a peste negra que inundaba su cuerpo lleno de tierra y humedad: su cama en el cementerio era algo incómoda, pero él no se quejaba, es más, le gustaba.

Alemania, el baboso de Japón, un gordo grasiento lleno de patatas fritas en sus axilas y debajo de su papada, un joven de voz suave y agradable pero pixelado (se encontraba a 1080p HD 4K, pero era imposible descifrar de quién se trataba), e incluso, la graciosa mascota de Suecia, Hanatamago, quién era dueña del 17% de Apple Inc., entre otras multinacionales, se encontraban dispuestos a entrar a la casa de Estonia: ¡Hoy era una ocasión especial!, ¡Estonia se esforzó en asear su casa!
Era un tanto irónico llamar casa a esa… cosa. La “vivienda” en cuestión constaba de un par de cartones de Papa John’s, otros obtenidos de Ikea y unos cuantos plásticos extendidos en los no muy afortunados agujeros de esta bella obra arquitectónica, los cuales hacían su papel de ventanas, con hermosos vitrales que rezaban “Walmart” o “Farmacias del Dr. Simi”. Aún así, esta humilde morada poseía su servicio de telefonía, televisión e internet, en un imponente disco metálico que hacía de antena ( ¡A 30 dólares la instalación más dos decodificadores gratis!)

—Es hora—anunció Estonia, con su voz profunda de absoluto deseos por comenzar su reunión.

Noruega resopló aburrido, apoyándose en Suecia, ya que él solía comportarse como un mueble más.

—Ya abre tu puta casa, quiero terminar esto luego—masculló Noruega, echando una ojeada a la moderna antena satelital de la pocilga de Estonia.

—Se nota que tienes ganas por lamerme los huevos, Noru—contestó con un tono pícaro, Estonia.

Antes de que Noruega pudiese contestar, las manos nerviosas de Estonia palpaban sus bolsillos con desesperación: ¿Y las llaves de su ratonera?

Estonia se volteó con miedo a ver a sus amigos. Les dedicó una sonrisa incómoda, revelando que horas antes había estado comiendo chocolate en polvo a cucharadas.

—¿Qué pasa? Ya abre tu casa de una vez, ¡Son las nueve! —gritó Alemania, con ese tono de dictador que de pronto salía de lo más profundo de su garganta.

—E-es que… perdí las llaves, ¿Me per donan? —dijo Estonias, juntando las piernas como si se fuese a mear encima.

La expresión de Suecia fue casi retratable, cuando cambió de modo mesita de noche a bestiario.

—¡Maldito Estonia para eso me desprendí de Juana María de las Mercedes y de Pedro el bueno! —gritó Inglaterra, refiriéndose a sus dos pulgas favoritas.

Estonia comenzó a sudar frío mientras sus queridos amiguitos amenazaban con agujerearle el prepucio con tenedores oxidados, hacerle bailar “ El tucanazo” en tanga sobre una bandera rusa, entre otras torturas dolorosas, cuando se le ocurrió llamar a Italia, quien, por otra mística e indiscutible razón, poseía las llaves de todas las propiedades de Weboslavia.

—¡Ve~!—contestó Italia, desde el otro lado de la línea.

—¡Italia por favor ayúdame!, hoy es la olida de webos y olvidé las llaves de mi casa, si no la abro pronto me meterán Salmiakki por la uretra! —dijo apresuradamente Estonia, mientras perdía de vista a Noruega, quien comenzó a romper uno de los hermosos vitrales estilo capitalista del Walmart.

—¡Pero estoy ocupado durmiendo mis siestas! No puedo ir ahora—repuso Italia con una voz ensoñada, pegajosa… ¿Excitada?

La verdad es que Italia estaba jugando con unos fetuccinis sin cocinar y sus partes nobles.

—Ya no es necesario—gritó Hong Kong, rascando un pedacito de queso seco sobre una de las esplendorosas paredes de Papa John’s—Noruega entró ya a tu casa a través de tus bolsas viejas.

Estonia gimió entristecido.

—No mms Noru, con lo jodido que tengo mi cartón :sadgery:

Y fue así, como cinco minutos mas tarde de lo usual, la olida de webos comenzó en el palacio de Estonia.

Inglaterra era el más dedicado a ello. Con una avidez de viejo sadomasoquista de la era victoriana, sus dedos recorrieron las partes nobles de Estonia, para colocar una de sus fosas nasales directamente en el huevo derecho y aspirar con fuerzas, recordando la vieja época del opio, del desenfreno y las putas chinas (y a China vestido de puta). Por su parte, Hanatamago se dedicó a oler cada cosa extraña tumbada en el suelo y Suecia, junto con Noruega, se miraban los rostros, estupefactos.

¡Esa casa era un asco!

En uno de los rincones se encontraban pañales de adultos llenos de materia fecal y trozos de plástico de forma ignominiosa, con diseños de “My Little Pony”, “Jimmy Neutron”, entre otras caricaturas. Las paredes, llenas de personajes femeninos (o que aparentaban serlo) de personajes de anime que Japón reconoció enseguida, se encontraban bañadas en una sustancia pegajosa, de una coloración algo amarillenta, como huevo puesto al sol en un día de calor. El joven pixelado, se acercó a una botella de “Coca Cola” dispuesta en una esquina junto con otras, rellenas de algo amarillo, con un intenso olor a amoniaco.

—¡ESTONIAS, MALDITO, DIJISTE QUE HABÍAS LIMPIADO TU PORQUERÍA DE CASA! —gritó Suecia, pateando una lata de cerveza perteneciente a la Dinastía Zhou—¡¿Qué son esos pañales cagados?!

—Son de Letonia, we—soltó Estonia en un gemido que no pudo reprimir—. Pinche pendejo cagurro.

—¿Qué es eso, son meados? —preguntó Noruega, señalando con asco las botellas de contenido desconocido.

Estonia, quién ya estaba en su éxtasis, negó algo ido.

—Claro que no, es juguito de manzana, pruébalo.

Noruega hizo una mueca de asco que le causó placer a Estonia, tanto que algo de su semen salió glorioso de su erecto Estonianito.

La bella y dulce Hana se encontraba husmeando por aquí y por allá en aquella casa inmunda, hasta que se encontró con una foto:

—Miren lo que encontré—dijo Hana a través de su sintetizada voz humana, ya que ella era una perrita muy tecnológica.




—Al final de cuentas, parece que Estonia no hace pis en botellas, ¡Guau! —añadió Hana, alzando la fotografía con su patita derecha.

—¡ESE ES MI PERRO! —gritó Estonia, alzándose de su asiento, con las fosas nasales pegadas de Inglaterra en sus testículos.

—¿Cómo QUE TUYO HIJO DE TU URALICA MADRE? —contestó rápidamente Susan.

Y así comenzó la pelea.

—¡MALDITO ESTONIAS, PON TUS NALGAS PARA DARTE UNA HETANORDIPATADA! —agregó Noruega.

—TU NOVIA TAMBIÉN ES URÁLICA, QLO—contestó ávidamente Estonia, dejando de lado a Inglaterra, mientras sus huevos colgaban como dos mocos de gato enfermo de tiña.

—¿Y QUÉ? NO TIENE PULGAS COMO TÚ—escupió Suecia, salpicando la cara de estonia con gotitas de perfumada baba escandinava.

—YO SE LAS PEGUÉ CUANDO ME MAMÓ EL PITO—rebatió Estonia, agarrando sus partes nobles y sacudiéndolas graciosamente.

Para ese entonces, Inglaterra, Japón, Hong Kong, Alemania (quién se masturbaba furiosamente), un fantasma de Prusia y el video pixelado de YouTube se encontraban observando la escena, esperando la reacción del contrincante atacado, como quién ve a la reina de Inglaterra jugar tenis.

—HIJO DE TU CHINGADA MADRE, A MI GORDA LA RESPETAS, AWEONAO, TE SACARE LA XUXA OTAKU CULIAO—Suecia manejaba un lenguaje docto y elevado, como si su dialecto descendiera del mismo paraíso.

Golpes iban y golpes venían. Una silla gamer llena de meados voló sobre la escena y llegó a la cabeza de Hong Kong, quien actualizaba en Twitter el estado de la situación (#EstoniaElguarro, su casa esta llena de mecos :CaraNormieSonriendo: ). Inglaterra pateó la pared de Ikea, construida en una bodega de chinos que no conoce el sol y Alemania apuntaba su miembro a  Estonias, para intentar detenerlo con su espadazo ario.

¿Conocen a Edvard Grieg? Es un compositor noruego, famoso por su obra “In the Hall of the Mountain King”. Eso era lo que sonaba en la Mente de Noruega. Lento, progresivo, como las noches de masturbaciones secretas. El pizzicato de esos violines le causaban placer, sus dedos tiritaban cada vez que Suecia gritaba insultos. Un tic en el ojo le hacía ver maniático, enfermo. Recordaba como los cristianos secuestraron a sus mujeres. Recordaba lo bien que ardía la madera de las iglesias en navidad.


¡Oh, arder! Fuego… fuego.

Noruega soltó un gemido sensual que le hizo sonrojarse. Sus dedos temblorosos no lograban encender el cerillo que hurtó del bolsillo de Hong Kong, pero lo logró al tercer intento.

Y se hizo la luz.




—HIJO DE PUTA MI CASITAAAAAA—gritaba Estonia, huyendo de la manera menos digna posible, golpeando sus huevos con sus muslos al correr apresuradamente, con la ropa interior arrugada en sus pies.

Ya para entonces, nadie tenía respeto por la casa de Estonia. Inglaterra daba patadas a las murallas de cartón y Hong Kong graffiteaba “Chinga a tu madre”, mientras se tomaba una selfie para el Instagram. Las humaredas de la casa se llevaban consigo a Prusia, quién gritaba muy fuerte por ayuda, pero sólo ElJovenCanadiense.jpg podía escucharlo.

—YA LLEGUÉ DE QUÉ ME PERDÍ—gritó Dinamarca, enfundado en un traje hecho con cortezas de piñas, trayendo consigo las cajas de pizza (con piña) que había encargado. (<-- edit ricolino)

Cuando vio la mueca de placer (algo así como un ahegao) de Noruega, pegó un grito bestial, porque una de las hojas de la piña que usaba de taparrabos chocó con su erección.

Puterio, semen, orgías homofóbicas y heterosensuales, griterío, orgasmos. Todo eso ocurrió el martes a eso de las nueve de la noche.  

Inglaterra siempre era el más cuerdo. Vio que la situación se estaba saliendo de control. Dejó de jugar con Hana un momento y rápidamente tomó una de las botellas de meados de Estonia, destapándola sin escrúpulos, lanzando su contenido hacia las llamas.

Pésima idea.

Las llamas llegaron altas, como el mismo infierno de Dante. La endemoniada risa de Noruega se escuchaba por todos los rincones de Weboslavia y los países comenzaron a huir despavoridamente de la escena pirómana que se llevaba a cabo.

—Eso pasa por comer Maruchan—dijo el muerto Prusia, que acababa de morir nuevamente.

Al final de cuentas, aquel martes, Estonia pagó caro su atrevimiento. Hana era sagrada y era de los nórdicos. Todos aquellos que eran nórdicos le podían rascar la pancita, darle croquetas de carne y lanzarle una pelota rosada con huellitas (era su favorita), pero quien no era nórdico no podía apropiarse de ella. Suecia la defendía con más fervor que su propia reputación internacional.

Eso sí era un DogLover.

Hana era sagrada, porque era un alma pura descendida en este mundo blasfemo. Ella gestionó, luego del enorme desastre ocasionado en la casa del Estonias, la entrega de una de sus mansiones perrunas, como acto caritativo de absoluta compasión y amor hacia el prójimo.

Cada martes, luego de aquel desastre, Estonia teme que Noruega vuelva a realizar sus perversos deseos sexuales reprimidos sobre su casa.

Y sí, Noruega guardaba aquel recuerdo como si se hubiese tratado de la mejor orgía pagana jamás llevada a cabo en su vida.


FIN.

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Última edición por Noru el Lun Mayo 21, 2018 9:47 pm, editado 4 veces
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ItaliaPASTA
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MensajeTema: Re: El desafortunado caso de un Estonias (o cómo realizar barbacoa de mecos)   Lun Mayo 21, 2018 12:14 am


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MensajeTema: Re: El desafortunado caso de un Estonias (o cómo realizar barbacoa de mecos)   Lun Mayo 21, 2018 8:45 am


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ElKnada
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MensajeTema: Re: El desafortunado caso de un Estonias (o cómo realizar barbacoa de mecos)   Lun Mayo 21, 2018 9:35 am

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